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La culpa que le vio crecer

Cada siete o cinco años, como el avistamiento  de un cometa sin necesidad de telescopio, Los congéneres vivos con el apellido Sapena en común se reúnen donde las raíces lo  mandan, no solo por los libros heráldicos si no por las historias que se recuerdan sobre esa familia antiguamente apoderada y que hoy en día mantienen las mismas piedras en sus tierras Alicantinas y la bravura del caballero ecuestre con espada alzada de oro de su  escudo aunque sea, a dia de hoy, de espíritu, y  yo tengo la suerte de formar parte de ello.

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Este año he sido la encargada de recapitular y ordenar toda la información que cada familiar ha investigado de la disgregación de su rama y mezcla de génes para ir actualizando el árbol genealógico tanto del pasado como del futuro y confieso que me sentía  en una reunión de la familia de vampiros Volture  mientras me contaban las historias que habían detrás de cada fotografía en blanco y negro que iban dejando encima de la mesa entre cafés y copas de vino.

Me llamo la atención de dichas fotos, una que salían mis iaios (abuelos)y el resto de los Sapenas ,unos  instantes capturados en papel poder ver como vivían «a dolce vita» en iempos de hambre, alejados de todo , las sonrisas descaradas y la alegría que emanaban sin necesidad de filtros como hoy en día, pues siempre he  visto fotos de la misma época de otras familias o en los libros de historia donde salian de negro lúgubre y parecía que no  sabían sonreír, pero ellos no, ellos estaban como celebrando un atraco a un banco bien ejecutado  vestidos como gansters de Chicago bebiendo en botas de vino en el mismo lugar donde estábamos nosotros ahora.

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Familia Sapena disfrutando de una tarde de verano en la era de Benimallunt (Benissa)

Pero no todo fue idílico, también encontramos historias oscuras y sin acabar cada vez que removemos el pasado, e intentamos esclarecerlo y darle ese valor que antaño por «el que dirán» fueron ocultos desde el suicidio de la tía Pepita por la mala vida que le daba el mujeriego de su marido, hasta el porque no tuvo descendencia el pequeño de los ocho hermanos de la ultima saga Sapena.

Comenzaron hablar de él, recordando que se convirtió en un hombre gentil y muy austero, nunca bajaba al pueblo pero siempre que iban a verle se cambiaba la cuerda que usaba como cinturón en un cinturon de verdad para sentirse a la altura de sus visitas  y preparaba una rica merienda, pero siempre con las palabras contadas y un tono suave que parecían como susurro cada vez que hablaba. Todos lo achacaban que era el típico familiar que todas las familias tienen soltero y ermitaño pero mi madre recordó lo que le contó su padre sobre él, su hermano pequeño pepe y sobre lo que pensaba que fue un castigo karmático que trajo la maldición del hijo único en los hermanos restantes durante una generación.

Cuando Pepe era un niño, unos ocho años , estaba obsesionado con el cine de la capital, quería ir, pero no le dejaban ya que  los niños tan pequeños de «familias bien» no iban a los cines. Pero a el le dio igual y a escondidas se escapó para cumplir su deseo pero estando en la proyección hubo una redada donde el niño no pudo escapar y el como el resto de los que no tenían papeles fueron detenidos y apelotonados en un camión el cual se dirigía ala playa,allí uno por uno fueron disparados y fusilados hasta llegar al turno de pequeño Pepe que aterrado hecho un ovillo en una esquina del camión fue salvado por una voz que dijo: -No, a este no, no ves que es un crio?-

Pasaron días hasta que encontraron a Pepe, fue abandonado a su suerte y el volvió no se sabe como, tan pequeño a casa, pero nunca mas volvió hablar, y cuentan que sus ojos azules se volvieron casi negros por la mirada de pena y la piel por mucho que trabajase en su exilio voluntario no se bronceaba al sol.

Creció con la culpa de escaparse y fue tal el susto y el horror que vivió en poco tiempo que con el paso de los años enfermara, jamas el miedo salio de sus huesos, nadie estaba en sus pesadillas, no quiso conocer el amor de mujer, pero si sentía el calor cuando iban a visitarle y en una de esas visitas que le hacían sus hermanos lo confesó todo`a uno de ellos  y poco después murió sabia que tenia tuberculosis y no quería llevarse mas culpa a donde los muertos no existen, no queria llevarse la culpa que le vio crecer.

No hace falta leer historias extranjeras sobre la guerra, o irse a épicas batallas americanas, nosotros aquí tenemos héroes en el silencio, No solo son desgraciadas historias, también hablan de la esperanza y amores entre refugios, recordar ahora que me lees que  cada persona mayor de 80 años que veas seas conscinete que pueden tener una historia que contar, una que aprender, una que escribir pues son eternos supervivientes como lo fue Pepe, Pepe Sapena Pérez.

 

Miaux Feline

http://heraldica.levante-emv.com/sapena/

http://www.heraldrysinstitute.com/lang/es/cognomi/Sapena/Espa%26ntilde%3Ba/idc/646482#history

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “La culpa que le vio crecer

  1. Manu dijo:

    Descanse en paz. Nuestros mayores tienen muchas historias que contar y nosotros mucho que aprender de ellos. Quedémonos con lo bueno que nos enseñaron, con los buenos ejemplos y honrémosles allá por donde vayamos. Un beso, gatita.

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